Rius

El zamorano Rius es preciso, didáctico, imaginativo y valiente. Demasiadas cualidades para que lo soporte el autoritarismo de Díaz Ordaz, de seguro enfurecido ante el hecho mismo de La Garrapata. En 1968 Rius es frontal y sus caricaturas de la represión son memorables (algunas se incluyen en Los críticos del imperio). El resultado: el 29 de enero de 1969 Rius es secuestrado y conducido con los ojos vendados al Nevado de Toluca, en donde se le practica un simulacro de fusilamiento. "Salí vivo gracias a la intervención del general Cárdenas, pero el hecho nos aterrorizó a todos los moneros de la revista" (La Garrapata).
Rius a cien libros de distancia
La filatelia para cuerdos es el más reciente libro del tal Rius, alias "don Eduardo del Río", pero a la vez viene a ser el 100 volumen que publica este afamado maestro. Han pasado más de 40 años, desde que sus monos fueron sumamente saludables porque desolemnizaron una caricatura política dominada por dibujantes que eran retratistas muy finos, pero más tradicionales, como García Cabral, Freyre y otros que, al compás de la "Danza del sable", de Jachaturian, salían en el programa de televisión "Duelo de Dibujantes". Rius, por su parte y a su manera, retomó las vitriólicas premisas de Gabriel Vargas y les añadió una clara malicia política, así es que con él llegó un inesperado aire fresco, espontáneo, familiar, más pícaro y popular, precisamente por el desenfado y la soltura del dibujo, y por lo coloquial e irreverente de los textos. No le rendía culto a los cánones sino que manifestaba una mentalidad y un espíritu nuevos, distintos que, sólo después, con el paso del tiempo, se extenderían en nuestro país y alcanzarían a Rius, quien ha podido estar al día y vigente sin demasiado esfuerzo.
Con elementos más bien parcos, apoyado fuertemente en el texto escrito, donde entonces Rius fue volviéndose parte indispensable de la cultura mexicana. Yo me volví su lector empedernido, incurable, desde que, con el gran "gachupas" Gila, participó en La Gallina, la abuelita de El Chamuco, una revista satírica sumamente inteligente, ingeniosa y brava, insólita en aquellas asfixiantes épocas en que la censura y la policía del pensamiento eran atroces.
Después vinieron sus primeros libros de divulgación, con los que mostró que la historieta podía tener una gran penetración y que era capaz de cumplir una función decisiva, en el desarrollo de las nuevas generaciones. En medio de gracia, ingenio, didactismo y un discreto tono de mesianismo, nuestro michoacano, aunque también bastante morelense héroe, hizo accesibles las grandes ideas que configuraron los mitos de la izquierda de los años 60, además de que nos proporcionó información bien procesada y analizada. Cuando el interés por el contenido político se expandió a otras áreas, entonces divulgó el naturismo y el vegetarianismo, desde posiciones off-new age, o temas muy variados, no agraviando a la filatelia.
Rius ha hecho época con todos estos libros que, por otra parte, resultarán únicos, pues hacerlos no es nada fácil y no hay quién muestre la rara capacidad que él tiene para concebirlos y realizarlos. Además, precisamente por propiciar los mitos culturales, él también, poco a poco, fue adquiriendo su propio rango mítico en nuestro país.
Los supermachos, primero, y Los agachados, después, por su parte son piedra angular de la historieta de un México que aparecía en su condición rural y con los viejos prototipos, pero ya con cobija eléctrica. Como Diego Rivera, otro gran monero, Rius puso por delante al indígena y mostró su inteligencia, malicia y penetración, una especie de Tezcatlipoca de acá abajo. También sostuvo una batalla muy edificante contra el sistema cuando respondió al despojo de Los supermachos con la creación de Los agachados y después, en los 70, cuando La Garrapata resistió y denunció valerosamente la censura, a la vez que la nueva revista se volvía el campo de práctica de tiro de muchos moneros jóvenes.
Y ahora, mis cuates, en estos oscuros y ciertamente densos tiempos hay que entrarle a El Chamuco, cuyo potencial de devastación es de alcances incalculables. No es creíble lo que hacen, el tino, la precisión y la oportunidad con que tratan a los gangsters que nos gobiernan. Y por otra parte, El Chamuco nos permite ver que, nuevamente, ahora en los 90. Rius puede alternar tranquilamente con generaciones más jóvenes, las de los gruesísimos "El Fisgón" y Patricio, y de Jis y Trino, que no cantan mal el cyberpunk. Todo esto manifiesta juventud de espíritu y un gran ánimo de participación.
Rius se ha conservado vigente, renovado, filósofo como machete sureño y en plena actividad. Hace poco pude ver su exposición que recorre el estado de Morelos, aprecié su trabajo más artístico y su inventiva y constaté que el maestro se encuentra entero y en plena acción. Ahora me da mucho gusto felicitarlo por su libro número cien. ¡Cien libros, señoras y, en cierto modo, señores! Se dice fácil, pero, por supuesto, se requiere una vida, talento y determinación para dibujarlos, escribirlos, publicarlos y, además, tener éxito con ellos. Se requiere a un protagonista fundamental de la caricatura política y el cómic en México. Rius ha orientado, divertido y estimulado durante cinco décadas; ha sido clave en la formación de varias generaciones y, al menos a mí, no me es posible tener una visión justa del México del fin de milenio sin pasar por la obra del doctor Rius Frius. JOSE AGUSTIN
En una charla electrónica con los cibernautas de reforma.com, el célebre
monero compartió que en pleno Siglo 21, su personaje Caltzontzin se ha visto
encarnado en el subcomandante "Marcos" o en uno de los comandantes del
EZLN, como podría ser "Tacho". "Porque a Caltzontzin yo lo
concebía como un indio rebelde, y al mismo tiempo ilustrado e interesado en su
país, y es lo que han resultado los zapatistas: rebeldes, interesados en su país,
pero que están preparados. Ahí está Caltzontzin, mi personaje favorito,
haciendo su lucha todavía".
Sobre su visión del México actual, este genio del dibujo, quien ha sabido
combinar la historieta con el humor cáustico y crítico, opinó que aun cuando
en apariencia el país ha cambiado sobremanera en los últimos 40 años, ha
sufrido en realidad un retroceso. "Seguimos siendo el mismo país atrasado,
donde sigue habiendo mucha injusticia; el mismo país que empece a conocer y a
criticar en los años 50, y hemos retrocedido al año de 1939 considerando los
salarios, los precios, el número de desocupados".
A pesar de que en su nuevo libro buscó recopilar las "malas palabras"
que se utilizan en los diversos países de Latinoamérica, "Rius"
aseguró que él muy rara vez las utiliza. "No soy partidario de usar las
malas palabras; sé usarlas porque finalmente es la manera en que hablamos
todos, pero como vivimos en una sociedad hipócrita, en las oficinas, en los
bancos, se utilizan todas las palabras del mundo, menos ésas, y de repente, la
misma gente dice malas palabras en su vida privada".
El caricaturista cuenta que, en un principio, esta obra iba a titularse El
libro de las chingaderas,, pero como se pretende distribuirlo en todos los
países de América Latina, no se hubiera comprendido el significado de tal título,
además de que una palabra puede resultar un insulto en uno, mientras que en
otro es de uso cotidiano.
"Yo creo que es un libro muy divertido, pero creo que también va a ser muy
instructivo y educativo para mucha gente, sobre todo para quienes tienen que
estar en contacto con otros países de América Latina. Creo que le va a servir
mucho a los periodistas, a los agentes viajeros para que no ofrezcan cajetas en
Argentina... Es un libro que yo inscribo dentro de la lucha por la libertad de
expresión", expresó el dibujante cuya historieta Los Súpermachos empezó
a asustar al Gobierno, según Del Río, por su postura de denuncia y crítica,
hasta que se acercaron al editor para ofrecerle dinero y contrató a otros
dibujantes que le "enfriaran" el tono a la revista.
De acuerdo con "Rius", no existe aún en México una plena libertad de
expresión, ya que todavía en los medios, sobre todo en la televisión, existe
un control "ridículo" de temas y hasta de personajes. Sin embargo,
aclaró que a pesar de ello sí ha habido ciertos avances.
"En relación con el tiempo cuando yo empecé a hacer caricaturas, era
imposible dibujar a una mujer con los senos al aire, o hacer un chiste sobre el
Presidente o un Secretario de Estado. En comparación con esos tiempos, lo que
se está diciendo ahora en la prensa, en la radio, las caricaturas que se
publican actualmente, sí me hacen pensar que hemos conquistado mucho. No quiere
decir que nos hayan regalado nada, sino que nos lo hemos ganado".
Sobre su postura ante la homosexualidad, respecto de la cual hizo varias
historietas en el pasado, el humorista --como se califica a sí mismo-- manifestó:
"A lo mejor hice chistes demasiado contrarios a los homosexuales, pero no
era como un rechazo a ellos. Estaba de moda el burlarse de los homosexuales. Yo
cambié mi manera de pensar; tengo muchos amigos homosexuales. Caí en la cuenta
de que son seres humanos iguales a nosotros".
Pero su postura respecto de la Iglesia católica sigue siendo la misma, pues la
considera la institución más nefasta que ha creado el hombre a lo largo de la
historia.
En cuanto a su oficio de caricaturista, mencionó que tanto el mexicano Abel
Quezada como el estadounidense Saul Steinberg son sus "padres" en este
arte, y ahora él se ha convertido involuntariamente en el guía de generaciones
recientes. "Tengo que reconocer con tristeza que ya son tres generaciones
de caricaturistas que dicen que yo los he inspirado, y me da un poco de tristeza
que me echan la culpa de muchas cosas".Por REDACCIÓN/
Reforma
Como si fuera un personaje más de sus historietas, Eduardo del Río, mejor conocido en el mundo de los moneros como Rius, fue víctima de un homenaje por parte de sus compañeros. Venidos de tierras lejanas lo acompañaron en su dolor Fontanarrosa y Sergio Aragonés, quienes pusieron el desorden al hablar en serio, porque los hijos del averno Helguera, José Hernández, Patricio y El Fisgón mostraron sus dotes de guionistas y arrancaron las carcajadas del homenajeado al hacer su retrato hablado. Eso sí, todos coincidieron en que Rius es el papá de los moneros, de las generaciones que llegaron después, de los que crecieron y se educaron con él. Sus contemporáneos lo respetan (a veces) y como dice Fontanarrosa, “la historia del mundo se va a escribir antes de Rius y después de Rius”. Al finalizar el homenaje, tras salvar los tumultos que pedían un autógrafo o un dibujo, el autor de Los Supermachos, Los Agachados, del Caltzóntzin distorcionados por Alfonso Arau (con quien no le quedaran granas de trabajar) y de gran cantidad de libros, ofreció una breve entrevista para CRÓNICA. -¿Acaba de plantear su retiro? -Sí pero parece que no lo aceptaron. No es que me quiera retirar de la caricatura, es algo de lo que nunca me voy a poder alejar, es mi vida, pero sí del trabajo que es pesado. Voy a seguir en la revista pero con menos participación. -¿Y en cuanto a los libros? -Es a lo que me quiero dedicar con más intensidad, con más tiempo, preparar mejor los libros y si hay chance, pintar un poquito. -¿Cuántos años lleva Rius en la caricatura? -Pues ya llevo 42 años, como quien no quiere la cosa. Creo que ya son muchos, ya lo siento así, no es que esté cansado pero llega un momento en el que uno se repite demasiado, además de que la calidad de los que están en competencia con uno es mayor, siento muy difícil que yo pudiera dibujar como Helguera, por ejemplo. -¿Se siente rebasado por los nuevos moneros? -En algunos aspectos sí, porque ya no tengo el mismo entusiasmo que tienen ellos ahora, en eso sí me siento rebasado completamente. Como que ya le ando pegando un poco a la retirada -¿Como le ha ido con La Biblia, esa linda tontería? -Bien, afortunadamente está jalando bien, aunque la han prohibido en muchas partes y a lo mejor eso nos ha servido bastante. -¿Cuáles partes? -Como en mi santa tierra, Zamora, Michoacán, me informaron que desde el púlpito condenaron al libro, lo cual me dio mucho gusto, le voy a pasar una “corta” al padrecito que hizo eso, pues sirvió para que la gente lo fuera comprar a Guadalajara o a otros lugares. Tampoco en algunas cadenas de autoservicio lo han querido vender, como en las tiendas Sanborn’s, por ejemplo. Así que a Don Carlos Slim le mando una regañada; de plano no se vale que haya censura de libros a estas alturas del siglo XX. -Acaba de regresar de España, ¿a qué fue? -A algo muy relacionado con el cómic, a dar unos cursos de verano a la Universidad de Cáceres, en donde estuve acompañado de otros colegas de ahí y latinoamericanos. Fue muy interesante porque analizamos el cómic en estos tiempos de crisis en todo el mundo y aprendimos bastante. -Aquí todos le llaman “maestro”, ¿qué pasa en otras partes del mundo? -Afortunadamente no me llaman “maestro”, pero en varias partes de América Latina sí me consideran como padre de muchos de ellos, claro que un padre involuntario, desde luego, y me da mucho gusto que mi trabajo haya servido de algo. -Cuando empezó a escribir libros, ¿pensó en hacerlo con una finalidad educativa? -En parte sí, porque yo sentía que en los medios de difusión no se hablaba de los temas que yo quería abordar, como el caso de Cuba, por ejemplo. Cuando yo publiqué ese libro nadie hablaba de la isla, o hablaban pero para calumniarla, y con todos estos temas religiosos a los que he recurrido bastante en mis libros pasa igual, son temas que aunque interesan a muchos, jamás se habla de ellos en nuestros medios, no sé por qué. -¿Qué ha cambiado del Rius de Los Supermachos hasta ahora? -Pues las arrugas. También hay más colmillo, pero existe el mismo gusto por la caricatura y la historieta que ha sido parte de mi vida. Sin ellas no sé qué hubiera hecho. -¿Cuál es su próximo libro? -Estoy en la etapa de recolectar material, sobre todo material gráfico para la segunda parte del libro de La Biblia..., que estará relacionado con eso que se llama el Nuevo Testamento; el mío se llamará El Evangelio Según San Garabato n. Rocío Macías