
Monseñor Javier Lozano Barragán
| Javier Lozano Barragán nació en Zamora, Michoacán, el 23 de enero de 1933. Hijo de un segundo matrimonio de su padre por viudez, de madre normalista y devota, y 16 hermanos, el joven y corpulento Javier además de egresado del seminario de Zamora se ordenó sacerdote en 1955, se doctoró en Teología Dogmática en la Universidad Gregoriana de Roma. | ![]() |
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Fungió como director del Instituto de Pastoral de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam); a partir de 1979 fue obispo auxiliar de la arquidiócesis de México bajo el mando del cardenal Corripio. Su trayectoria se ha caracterizado por su inclinación a la intelligentsia católica, particularmente latinoamericana; esta vocación le dio su mayor logro: la reapertura de la Universidad Pontificia de México el 29 de junio de 1982. Todo ello le hacía destacar entre los obispos mexicanos; sin embargo también le hacía ``chocante'', particularmente entre la vieja generación de prelados sin tanta preparación, más pragmáticos y sin roce. A pesar de todo, no ha tenido ni consistencia ni continuidad en la línea de su pensamiento. Encontramos al joven Javier Lozano de fines de los años sesenta y principio de los setenta muy seducido por la Teología de la Liberación no sólo de moda sino gozando de la simpatía de un número considerable de obispos latinoamericanos y europeos. En 1978 escribe en Medellín, Colombia, un ensayo sobre la evangelización de los militares en América Latina. En este trabajo desarrolla argumentaciones sobre la necesaria evangelización de la esfera castrense que se había expandido por todo el continente; en el texto se trasluce una extraña fascinación sobre el poder. En ese periodo de residencia colombiana, afirma una profunda amistad con Alfonso López Trujillo, en ese momento presidente del Celam, y con su asesor de cabecera, el converso uruguayo Alberto Metol Ferré. Entre los tres había coincidencias no fruto de la casualidad: tenían un conocimiento profundo del marxismo y una conocida militancia, casi visceral, contra la Teología de la Liberación. En los ochenta, ya en México, el obispo auxiliar Lozano Barragán encarnó el péndulo disciplinario dados los aires papales que soplaban con fuerza desde Roma y que venían enfriando lenta y demoledoramente la primavera eclesial latinoamericana. En los noventa, ganó fama no sólo por sus constantes viajes a Roma sino por su postura frontal contra la actuación y postura del obispo Samuel Ruiz en Chiapas. Fue llamado a ocupar un lugar en la Curia Romana, en la Pastoral de Salud, convirtiéndose asi en el primer mexicano que integra el equipo inmediato de trabajo de su Santidad Juan Pablo II. |
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| Lozano Barragán denunció la concepción utilitarista de la salud que no considera a las pesonas ancianas o gravemente enfermas como dignas de merecer los tratamientos necesarios. |
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Escribio la Carta del Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios sobre asuntos de ingeniería genética y clonación. Asimismo monseñor Javier Lozano anunció que su dicasterio emprenderá una colaboración directa con «Cor Unum», Consejo Pontificio encargado de coordinar las iniciativas caritativas católicas en el mundo, para que los donativos que ofrece el Santo Padre a las instituciones sanitarias se destinen a comprar tecnologías avanzadas para el tratamiento de personas pobres que no tienen acceso a los centros médicos especializados.

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La profesora Carla L. Bolis, consejera del programa «Neuroscience Uni», de la OMS, al regresar de un viaje en África y América Latina, explicó que «gracias a la colaboración de las estructuras vaticanas y de la OMS es posíble acabar con enfermedades endémicas como la lepra». En particular, la señora Bolis puso en evidencia que, dado que las industrias farmacéuticas están particularmente comprometidas en la investigación médica para curar las enfermedades del mundo rico, «los hospitales católicos desarrollan un trabajo importantísimo de asistencia médica en los países en vías de desarrollo». En un libro que será publicado próximamente, la profesora Bolis mostrará cómo los misioneros y las estructuras católicas se encuentran en la vanguardia en el tratamiento de ciertas enfermedades, especialmente en los países más necesitados».

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En una rueda de prensa de presentación de la cumbre, intervino también José Luis Redrado, O. H., secretario del Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios, quien denuncio lo que él llamó las «cifras de la vergüenza»: «a pesar de que logramos ir a la luna y explorar los espacios celestes no se hace lo suficiente para combatir enfermedades que pueden ser curadas». Entre las cifras de la vergüenza, el padre Redrado recordó que «en muchos países la esperanza de vida no alcanza los 50 años, mientras que en los país desarrollados supera los 75 años. En muchos países, el índice de mortalidad infantil todavía es del 10 o el 20 por ciento, mientras que en el mundo avanzado hoy día es inferior al 1 por ciento».