Francisco Plancarte y Navarrete
Francisco Plancarte y Navarrete nació en la ciudad de Zamora, Michoacán, el 21 de octubre de 1856, donde recibió una esmerada educación por parte de su tío, Antonio Plancarte y Labastida.
Desde la infancia, Plancarte y Navarrete mostró gusto e interés por la arqueología, que estudió con interés hasta llegar a convertirse en autoridad en la materia.
En agosto de 1870 ingresó al colegio Pío Latino Americano de Roma y fue ordenado sacerdote diez años después, el 18 de diciembre de 1880, por el cardenal Mónaco la Valleta.
También obtuvo doctorado en filosofía, teología y derecho, y aprendió latín, griego, hebreo, inglés, francés e italiano.
Fue rector del Colegio de San Luis en Jacona, Michoacán; posteriormente vicerrector y catedrático del Colegio de San José en Tacuba; y más tarde profesor de hebreo y de liturgia en el Seminario de México. En 1892 se hizo cargo del curato de Tacubaya.
Plancarte y Navarrete fue incansable y decidido luchador en el intento por conseguir la aprobación canónica del oficio litúrgico de Nuestra Señora de Guadalupe. Viajó en 1903 a Roma con ese objetivo, y vio coronado su esfuerzo el seis de marzo de 1894.
Fue primer obispo de la Diócesis de Campeche, erigida en 1895, y al año siguiente, el 16 de febrero, fue consagrado en Roma, para tomar posesión el 26 de noviembre.
El 16 de febrero de 1899 se hizo cargo de la Diócesis de Cuernavaca, de la cual fue segundo obispo.
El 5 de marzo de 1912 tomó posesión como Obispo de Linares, siendo el cuarto de la sucesión. Entre sus acciones más notables se destaca la fundación del Boletín Eclesiástico y la modificación en la división territorial de la diócesis.
En España, Francisco Plancarte y Navarrete fue nombrado Caballero de la Orden de Isabela la Católica con el grado de comandador.
Al estallar la Revolución Mexicana, el religioso fue desterrado a México; de allí pasó a la Habana, Cuba y posteriormente digirió sus pasos hacia San Antonio y Chicago, en Estados Unidos.
Durante su ausencia de México, Plancarte y Navarrete escribió "Prehistoria de México" (1923). Antes, en su desempeño como obispo de Cuernavaca, había elaborado el tratado titulado "Apuntes para la geografía del Estado de Morelos" (1909).
Cansado y enfermo, pudo regresar por fin a Monterrey, en mayo de 1919, donde murió al año siguiente, el dos de julio.
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