Los diputados del Congreso del Estado discuten y negocian en estos días una nueva reforma electoral que regule las elecciones que se realizarán en el próximo mes de noviembre para elegir gobernador del Estado, presidentes municipales y diputados locales, toda vez que la anterior reforma quedó sin efecto porque la Suprema Corte de Justicia de la Nación decretó que ésta contravenía la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en lo relativo a la prolongación de mandato de ayuntamientos y diputados sin que hubiera proceso electoral, y que el Congreso Local carecía de personalidad jurídica para nombrar gobernador interino.
Así las cosas, el Congreso tiene que regular cuánto van a durar los próximos periodos de gobierno para el ejecutivo estatal, los diputados y los ayuntamientos. Pero dentro de la reforma referida también debe quedar establecido el tope de financiamiento de las respectivas campañas, el plazo máximo, los tiempos de elección y registro de candidatos…
Los nuevos tiempos nos inducen a pensar en la necesidad de empatar los procesos electorales, de tal suerte que no haya elecciones cada ratito, con todo lo que ello implica de gasto de recursos económicos, de trabajo humano, de organización… Se pretende que cada 6 años haya elecciones para presidente de la República, gobernador del Estado y senadores; y cada 3 para ayuntamientos y diputados, tanto locales como federales, y que los órganos electorales sean simultáneamente para los procesos locales como para los federales (desde las casillas, los consejos distritales hasta los consejos generales y tribunales electorales), con lo que habría un ahorro enorme de recursos que podrían ser aprovechados para acelerar el desarrollo nacional y mejorar las condiciones de vida de millones de mexicanos.
El punto en discusión entre los diputados locales es si las elecciones de noviembre serán para elegir ayuntamientos y diputados que duren en el cargo 3 años y gobernador 6 y dejan el tema del empatede elecciones para la siguiente legislatura o si sacan adelante la reforma que empate los comicios, hacen a un lado intereses personales o de grupo y dan muestras de inteligencia, capacidad de negociación y amor a México.
Una primera opción sería que las elecciones de noviembre fueran para elegir autoridades “de transición”, que tomaran posesión en enero los ayuntamientos y en febrero el gobernador y los diputados y que duraran en el cargo hasta el 1 de septiembre del 2009 en que asumieran el cargo las nuevas autoridades que resultaran electas en el proceso federal intermedio del primer domingo de julio de ese 2009. Es decir, durarían en el cargo alrededor de año y medio.
La otra opción, que parece mucho más viable y lógica, es que los diputados y gobiernos, estatal y municipales, que resulten de las elecciones de noviembre de este año duren en el cargo hasta septiembre de 2012 (es decir, alrededor de 4 años y medio) y a partir de ese momento vuelvan a ser periodos de 3 años para ayuntamientos y diputados (quizás convendría incluso posibilitar la reelección en ambos casos por una sola vez) y de 6 para el gobernador del Estado.
Una reforma de esa naturaleza contribuiría a reducir el gasto en dinero y esfuerzo que muchas veces despilfarramos durante las elecciones. Ojalá los diputados y sus partidos antepongan el interés nacional al particular.