La lucha por ampliar el mundo de una natura limpia no es cuestión de adorno. Es una lucha política. Y el restaurar en la Meseta su mundo ambiental no es una idea romántica ni estética. Es una lucha por la autonomía p´urhépecha. Por su dignidad. Por su supervivencia. No se trata de una lucha exclusiva del mundo p´urhé. Cada ser humano posee dos patrias: la región que habita y el mundo como planeta. Lucha entonces, necesariamente global. Sólo que a nuestro alcance inmediato y responsabilidad lo que tenemos enfrente es nuestro entorno físico-cultural. De ahí que problemas como la polución del suelo que pisamos, debido a la proliferación creciente de desechos (por su estancia en el mismo sitio durante tiempos prolongados, por ser focos de contaminación y medios excelentes para el desarrollo de insectos y roedores dañinos, por la destrucción del paisaje natural) constituye un asalto a la Meseta.
Para nosotros, en estas tierras de la Sierra, el problema ecológico más inmediato lo protagoniza la sistemática degradación de nuestro medio ambiente, como resultado del embate económico y político de la sociedad nacional, particularmente aviesa en lo que toca a conglomerados urbanos como Zamora y Uruapan, cuyo crecimiento caótico e irregular tiene achicados nuestros bosques y diezmadas nuestras tierras. Baste mirar el saqueo sistemático de nuestros recursos madereros que desde hace siglos no han dejado de inflingirle los grandes talamontes y que hoy en día le propinan los aguacateros. Quien compare los fotomapas del INEGI a escala 50,000 de los últimos quinquenios, constatará de inmediato el decrecimiento geométrico de la superficie arbolada de la Meseta y el estrangulamiento asfixiante de su territorio actual. Quien tenga en sus manos los análisis físico-químicos de las aguas almacenadas en las hoyas de sus barrancas y de la que se extrae de su acuífero a través de sus pozos profundos, no dejará de notar guarismos anómalos por la presencia de bacterias en las primeras y, en ambos, por indicios de acroleína, amoniaco, hidrocarburos, ácido sulfúrico, metanol, cloro, etanol y hasta plomo y mercurio metálico.
Esta degradación de los recursos naturales se traduce no sólo en el rapto exógeno y en un despilfarro endógeno de nuestros recursos renovables y no renovables, sino que conlleva aneja la degradación de la Meseta como ecosistema. De ahí que la destrucción de su manto vegetal lleve aparejados la erosión de sus suelos, el desbordamiento de sus iorekua y una aculturación progresiva de sus geografías física y humana. Testigos de cargo: la denudación total de montañas como la de Patamban, la del San Marcos o la del Santísimo; el asalto sistemático de sus suelos que en la cañada y en el escarpe norte de la Meseta a diario perpetran ladrilleros de Ruiz Cortines; la ominosa invasión territorial atizada por el caótico crecimiento urbano de ciudades como Uruapan; el trueque de identidad cultural por un mísero plato de lentejas que le propinan patrones neoliberales de consumo o sistemas como el educativo nacional.
Es por eso que en este año la Campaña de Limpieza afinará sus miras, apuntando a la imperiosa necesidad de un cambio y a la toma de conciencia. Necesidad de cambio, respetando desde ya las leyes ecológicas a las que el p´urhépecha, como ciudadano de la biósfera, se halla sometido de manera ineludible. Y toma de conciencia de que la pronunciada reducción de sus áreas boscosas, la degradación y erosión de sus suelos y la contaminación causada por desechos, deben parar de inmediato. De ahí que la campaña de Limpieza 2007 denuncie desde ya que una sustitución estúpida de los compuestos naturales por productos sintéticos (detergentes, fibras artificiales y, sobre todo, plásticos) están causando en estas tierras un grave daño al medio ambiente natural. Que lo grite si no, la polución criminal causada por los envases de refresco, aceites, detergentes y, de manera particularmente estúpida, por las bolsas de plástico. En ese sentido debemos recordar que si la Meseta necesitó decenas de miles de años para formar sus suelos de carácter andosol y miles para capitalizar su cubierta vegetal, ahora no le restan sino unos cuantos para frenar antes del abismo.
Como Campaña de Limpieza en su nueva etapa, habremos de recordar que el precio de la contaminación y de la degradación del medio ambiente tiene un costo económico, ecológico y social excesivamente alto. También que quien contamine tiene que pagar. Y echárselo a la cara a la Coca, a la Jonson, a las procesadoras de aceites, a los fabricantes de detergentes, a las maquiladoras de bolsas, a los supermercados. Y, como no van a hacer caso, entonces al Poder Judicial vía nuestros inútiles diputados. Será necesario entonces que a más de continuar recogiendo toneladas de basura en nuestras comunidades y carreteras, nos dispongamos a la conformación inmediata de una Asociación P´urhépecha para la protección de la Naturaleza, a fin de obligarnos y obligar a extraños, principalmente a aguacateros uruapenses y tala montes zamoranos, a mantener, porque la tierra es una y sin fronteras, una campaña de limpieza ambiental conjunta que restituya la integridad natural de nuestra Meseta.
Campaña de limpieza ambiental conjunta que restituya la integridad natural de nuestra Meseta