El presidente de la República, Lic. Felipe Calderón Hinojosa, firmó el jueves en la mañana, en la residencia oficial de Los Pinos, un acuerdo con sectores involucrados con la producción y comercialización de tortilla, mediante el cual se garantiza un precio máximo de 8.5 pesos por kilo del popular alimento, base de la dieta nacional.
Durante unas semanas el tema del precio de la tortilla y el desabasto de maíz ha sido uno de los más candentes en los medios de comunicación. No es para menos, pues no se trata solamente del aumento de precio de un producto cualquiera, sino del resultado del proyecto “modernizador” de la economía mexicana.
Hasta que Miguel de la Madrid asumió la presidencia de la República en 1982, los gobiernos federales tenían políticas agropecuarias enfocadas a garantizar la autosuficiencia alimentaria. Por muchos años México exportó granos e importó productos industrializados. A partir de la crisis de la deuda y de las cartas de intención de los gobiernos mexicanos firmadas con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, cambiaron las políticas hacia el campo. Los subsidios otorgados para la producción de maíz desaparecieron y en cambio los apoyos gubernamentales se enfocaron a estimular la producción de frutales y hortalizas exportables y generadores de divisas. La producción de maíz se desplomó y las importaciones de grano fueron un floreciente negocio de conocidos políticos.
Los economistas neoliberales creen que es más económico importar maíz norteamericano que producir maíz mexicano. Eso sólo es cierto desde la miopía economicista que es incapaz de ver los problemas sociales que se generan cuando se deja de producir maíz, como el desempleo de los campesinos, que entonces siembran cultivos más redituables (en una muy neoliberal decisión) como mariguana, amapola…
El gobierno gasta en el combate al narcotráfico y al crimen organizado mucho más que lo que le costaría mantener una política de subsidios focalizados para garantizar el empleo pleno en el campo. Y hay que recordar que en la medida en que disminuyó la producción de maíz aumentó el tráfico de drogas y creció la delincuencia organizada.
El acuerdo firmado en Los Pinos es un paliativo que no resuelve de fondo el problema, pues no hay ni un punto que se refiera a reincentivar la producción de maíz y la defensa del maíz nativo que es de mayor calidad para la producción de tortillas y para otros fines alimentarios, como la elaboración de tamales, pozoles, pinoles, moles, pipianes… Porque no sólo se trata de ser autosuficientes en materia de maíz sino que tampoco podemos permitir que el maíz trasgénico norteamericano suplante la diversidad de maíces autóctonos, porque perderíamos una enorme riqueza natural que en un momento crítico puede ser la diferencia entre tener opciones y no tenerlas, entre perder una especie y mantenerla viva.
Durante su campaña, Felipe Calderón ofreció ser el presidente del empleo. Lo puede lograr si opta por enfocar el apoyo al campo, al rescate de la producción de maíz, sin descuidar los otros renglones.
La mejor manera de combatir el desempleo, el narcotráfico y la pobreza es subsidiar la producción de maíz y garantizar que haya tortillas de buena calidad en todas las mesas nacionales.