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¿Jimbanhi Uexurhini para seguir igual?
Francisco Martínez Hospital Regional de Uruapan


Las fechas son importantes. Y a unos días de celebrar el Año Nuevo P´urhé, esta vez en la comunidad hermana de Santo Tomasiu, deviene la necesidad de que, dejando atrás folclorismos, nos concedamos unos momentos de reflexión, para considerar cuál es la situación actual y cuál el futuro del pueblo p´urhé. Empeño necesario. Nada fácil por cierto.

De región aislada, la región p´urhépecha se halla ahora harto comunicada. Y no sólo eso. Cada comunidad, por ejemplo, abunda en número de autos. El teléfono, sobre todo el celular, se encuentra al alcance la mano. También el Internet. Por otra parte, el ama de casa no habita ya su construcción de madera. Sobria. Elegante. Ecológica. Cubren ahora su vida familiar, las bardas de tabique. Las losas de concreto. Se rodea de estufas de gas, de lavadoras eléctricas. De licuadoras. En algunas, se han allegado televisores L.C.D. y de plasma. Con excepción de unas cuantas comunidades ya no se corre al manantial por agua. Se encuentra ahí, al giro de una llave. Entubada. Su ambiente calmo, acogedor, apausado, remolonea al furor de los partidos políticos, de los medios de comunicación. Del acoso sectario. Se sacude una y otra vez con la llegada de sus migrantes y sus nuevos hábitos. Que no quepa duda, sus tiempos han cambiado. Hoy en día, a diferencia de antaño, las juventudes, rayando en la improvisación y en la imprudencia, han secuestrado los puestos comunales. Y la lengua p´urhé, identidad baluártica, ha visto recluir sus hermosos giros idiomáticos al escritorio del estudioso y, en afanes mercantiles, como letra de cambio.

Y sin embargo, en el fondo, aunque parezca que no, el alma p´urhépecha, no ha cambiado. Porque en lo más, su sentido comunitario queda aún resaltado por la persistencia de su economía de servicio expresada, por citar algo, por la participación contundente en las Campañas de Limpieza, en la faena de a diario, en la lucha contra incendios, en los velorios y entierros y, sobre todo, en la celebración de sus fiestas. Con todo, ese momento obligado de reflexión, nos dirá que para trascender una superficialidad recurrente reflejada, por ejemplo, en la cooptación gubernamental hasta de lo más sagrado (mírense si no los centavos que inyecta a la celebración del Jimbanhi Uéxurhini) urge que el pueblo p´urhépecha, al tenor de lo que han estado haciendo las comunidades de Cocucho y Urapicho, entable consigo un serio diálogo. De ahí devendrá su fuerza para poder enfrentar los retos del presente siglo:

a) Salvaguarda de su identidad cultural, escudo de su autonomía, que cada comunidad deje de ser un rival de la vecina. Sin territorio común, sin lengua materna como salvoconducto franco, sin unidad en la fe, no será posible la conformación quiroguiana de una comunidad de comunidades.

b) Lo que significa un alto inmediato a la atomización privada de sus tierras. No sólo por parte de extraños. Urge entonces que el pueblo p´urhépecha vuelva a definirse. También que se rebele de veras ante reformas tramposas como la salinista, que de unos años acá “le permiten” enajenar sus tierras.

c) Y, aprovechando que ahora las cuatro regiones de los p´urhépecha cuentan con agua, pues tecnificar y diversificar su agricultura. Asentar sus hatos de ganado. Dar el salto a las industrias cárnicas. Y en lo que respecta a su amplia vocación forestal, restaurar suelos y seguir con sumo cuidado y acorde a sus circunstancias lo bueno hecho por San Juan Nuevo.

d) Finalmente, basados en la Xiranhua y para superar el cáncer cultural de nuestros tiempos, emprender la depuración de la pindekua; poniendo sumo cuidado al inculturar el sistema educativo con que le plaga la sociedad nacional. En ese proceso la comunidad p´urhé tiene derecho a esperar algo mejor de sus autoridades civiles. De sus curas. De sus maestros. De otra manera no podrá evitar su estrangulamiento cultural y con ello un futuro “p´urhépecha” para sus hijos. Y los hijos de sus hijos.

Si algo como esto nos acarrea la celebración en santo Tomasiu (cfrt. Los P´urhépecha y el año 2000, palenque, Año 1, N°1, Nahuatzen, 1999) janú je sesi, ménderu, Jimbanhi Uéxurhini!

Cuál es la situación actual y cuál el futuro del pueblo p’urhé.




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